Métodos
42 (IV): el primer examen, rank 2
El primer examen de 42: tres horas, presión real y sin internet. Cómo es
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En 42 no hay pruebas escritas: hay exámenes prácticos. Tres horas delante de un terminal (la ventana donde tecleas órdenes y el código te responde), sin internet, sin apuntes. El enunciado aparece en una web interna y un corrector automático (un programa que compara tu salida con la que espera) decide si pasas o no. El primero, el de rank 2, cierra el bloque de fundamentos de C. Lo viví con una mezcla de respeto y ganas de que acabara.
Cómo es
El examen pide resolver ejercicios de C cada vez más difíciles. Empiezas con funciones cortas —tratar cadenas, invertir bits, transformar notaciones— y cada ejercicio superado desbloquea uno más duro. Eliges el nivel, pero no hay atajos: el corrector compara la salida de tu código con la esperada y no negocia.
La preparación la hice con un repositorio privado (el almacén de mi código), Exam_42_rank_2, donde tengo recopilados los ejercicios de cada nivel: desde el primero (ft_strlen, ft_swap, rot_13, rev_print) hasta el cuarto (ft_split, ft_itoa, flood_fill). Allí cada ejercicio tiene la versión final, un test.c de pruebas y, para las funciones complejas, una versión comentada que uso para repasar antes del examen.
Cómo lo abordé
Cambié la manera de estudiar. En los proyectos —como ft_printf, el printf propio o pipex, las tuberías de Unix— el tiempo no corre: pruebas, mueves, vuelves. En el examen manda el reloj, y la diferencia entre aprobar y quedarte a media faena suele ser la velocidad de memoria: liberar donde toca sin pensarlo demasiado.
Así que repetí los ejercicios típicos hasta hacerlos de memoria. Practiqué sobre todo las funciones de cadenas y memoria que más salen. Y simulé exámenes enteros contra el corrector. El día del examen, la estrategia fue sencilla: ejercicio a ejercicio, sin atascarme en ninguno, y validar cada paso antes de continuar.
Qué se siente al salir
Cuando el corrector dio el veredicto final entendí por qué hacen los exámenes así. En meses de proyectos, tu medida es «funciona»; en el examen, la medida eres tú, sin repositorios ni búsquedas. Se aprende algo que no enseña ninguna asignatura: qué sabes de verdad cuando no puedes consultar nada.
Los nervios de antes, la sensación de vacío durante el minuto que tarda el corrector, el silencio de la sala cuando sale el aprobado. No lo había vivido desde los exámenes de la universidad. Y me hace mirar la siguiente entrega de proyecto con más respeto.